Compañeros de Corporación, Reverendo Señor Cura Párroco, Mayordoma de la Cofradía de la Virgen de la Estrella, Reina de la Fiesta de la Vendimia, Pregonero, demás autoridades, santeños y santeñas todos: buenos días y bienvenidos a este vuestro Ayuntamiento, donde un año más conmemoramos el Día de Extremadura y la fiesta de nuestra Patrona, la Virgen de la Estrella.
Escribía con maestría inolvidable el poeta extremeño Jesús Delgado Valhondo, «Extremadura es un silencio de encinas y un grito de esperanza». Hoy, 8 de septiembre, ese grito de esperanza se viste de gala y cobra la voz limpia, serena y unánime de todo un pueblo. Nos reunimos en este Pleno Institucional en la fecha más señalada de nuestro calendario: el día en que la devoción madura a nuestra Patrona se funde en un solo abrazo con el orgullo compartido de sentirnos y sabernos extremeños.
Hablar de la Virgen de la Estrella no es solo hablar de fe, de tradición o de historia transmitida de padres a hijos. La Santísima Virgen de la Estrella es, ante todo, el gran nexo que une e identifica a los santeños.
En un mundo a menudo fragmentado, donde la prisa y el desencuentro parecen ganar terreno, la imagen y el refugio de nuestra Patrona representan ese puerto seguro que nos pone a todos de acuerdo.
Bajo su manto no hay distinciones, no hay divisiones ni trincheras; solo hay un pueblo que se reconoce a sí mismo, que mira en la misma dirección y que encuentra en su patronazgo la fuerza colectiva para caminar unido. Ella es el hilo invisible que teje la concordia de Los Santos de Maimona.
Hoy, nuestro pueblo vuelve a brillar con luz propia como el «Piropo Blanco de Extremadura». Y no estamos ante una simple metáfora o una frase poética afortunada; es la definición exacta de lo que somos.
Una tierra encalada de dignidad, estratégicamente erigida en el corazón de la histórica Vía de la Plata, que ha sabido ser desde siempre cruce de caminos, refugio, hospitalidad y motor indiscutible de progreso.
Somos un municipio que hunde profundamente sus raíces en la riqueza de sus campos, en la sabiduría de una tradición agrícola y ganadera que ha alimentado a generaciones enteras con el esfuerzo noble, honrado y callado de quienes trabajan la tierra de sol a sol.
Pero, al mismo tiempo, somos un pueblo con una firme e irrenunciable vocación innovadora. Supimos cuidar la herencia del pasado y hoy tenemos abiertas de par en par las puertas a la tecnología, al emprendimiento, a las energías renovables y al desarrollo sostenible. Somos vanguardia viva sin perder jamás la memoria.
Sin embargo, un pueblo no lo forman únicamente sus piedras, la hermosura de sus monumentos, la fertilidad de sus viñas y olivares, o la primacía de su posición geográfica. A un pueblo lo hace su gente. Y este discurso quiere ser, ante todo, un reconocimiento plenamente inclusivo a la diversidad y al incalculable valor de cada persona que respira, trabaja y sueña en Los Santos de Maimona.
Rindo hoy un profundo e institucional tributo a nuestros mayores, faro moral insustituible de nuestras familias; custodios de la memoria y guardianes de unos valores de solidaridad, esfuerzo y apoyo mutuo que jamás debemos permitir que se diluyan.
A los hombres y mujeres que a diario levantan nuestras empresas, comercios, talleres y explotaciones agrícolas, demostrando que la tenacidad y la cultura del trabajo son nuestro verdadero rasgo de identidad.
Y, muy especialmente, me dirijo a nuestros niños y jóvenes. Vosotros no sois un futuro lejano e incierto; sois el presente palpitante y la razón de ser de este municipio.
Y es precisamente por nuestros jóvenes por quienes este Pleno debe alzar su voz con la máxima firmeza y altura institucional. No podemos resignarnos a la vieja e hiriente cicatriz de la emigración. Es una obligación moral, política y social de todas las administraciones garantizar que ningún joven santeño, que ningún joven extremeño, se vea forzado a hacer las maletas para buscar fuera de su tierra lo que aquí debería tener por derecho. Debemos ser capaces de ofrecerles un horizonte claro de oportunidades reales, empleo digno, acceso a la vivienda y proyectos de vida plena en la tierra que los vio nacer y crecer.
Para lograr ese horizonte de prosperidad, debemos ser conscientes de una verdad fundamental: aquí nadie sobra. Todos y cada uno de nosotros somos profundamente necesarios si queremos que Los Santos de Maimona siga siendo un referente de vitalidad y liderazgo en Extremadura.
La construcción de un pueblo próspero no es tarea de unos pocos, ni recae únicamente sobre los hombros de quienes ostentamos responsabilidades públicas; es una obra colectiva que exige compromiso, participación y lealtad con nuestra comunidad.
En una democracia sana, la discrepancia no solo es legítima, sino enriquecedora. La crítica constructiva es bienvenida. Pero debemos ser capaces de canalizar las quejas, las diferencias y los puntos de vista divergentes para transformarlos en el motor de apoyo y empuje que nuestra sociedad necesita para avanzar. No construimos nada desde la paralización o el desánimo; construimos cuando convertimos el desacuerdo en propuesta y la exigencia en trabajo compartido.
Hoy más que nunca, debemos hacer un llamamiento a defender una sociedad real, auténtica y pegada a la tierra.
Vivimos tiempos convulsos, como decía hace unos días en la Fiesta de la Vendimia, envueltos en el ruido ensordecedor de los cantos de sirena que continuamente nos llegan a través de las redes sociales, los titulares estridentes o los mensajes intencionadamente dirigidos a dividirnos. Debemos huir decididamente de la cultura de la inmediatez y de la polarización superficial.
Los grandes proyectos, los verdaderos logros de una comunidad, no se improvisan ni se resuelven a golpe de tuit, ni en la falsa ilusión de rapidez que pretende inducirnos el entorno digital.
Miremos a nuestro alrededor, miremos a nuestro campo: al igual que el buen vino de nuestra tierra necesita tiempo, sosiego, cuidado y silencio para madurar y alcanzar su plenitud, los frutos sociales, económicos y culturales de un pueblo exigen paciencia, rigor, constancia y trabajo maduro. Lo que de verdad perdura es lo que se cimienta día a día con serenidad y esfuerzo.
Decía el poeta Luis Chamizo en los inmortales versos de El Miajón de los Castúos que «la tierra nuestra no se vende, se quiere». Y querer a esta tierra significa defenderla con uñas y dientes en las instituciones y en la plaza pública.
Por eso, en un día de fiesta y alegría como hoy, la celebración no nos distrae de la reivindicación justa. Extremadura y Los Santos de Maimona exigen el lugar que por derecho constitucional y de justicia les corresponde en el mapa de España.
No pedimos privilegios sobre nadie ni pretendemos ser más que ningún otro territorio; pero no vamos a permitir, bajo ninguna circunstancia ni ante ningún gobierno, seguir siendo menos.
Exigimos con absoluta rotundidad una equiparación real y efectiva en infraestructuras y servicios públicos de calidad. Es hora de romper definitivamente con las inercias históricas del aislamiento y el olvido.
Queremos y exigimos conexiones ferroviarias y viarias dignas, del siglo XXI; una sanidad y una educación públicas de máxima excelencia; e inversiones productivas que reconozcan de una vez por todas nuestro enorme potencial energético, agroalimentario y logístico.
La igualdad de todos los españoles no puede quedarse en una simple declaración de intenciones sobre el papel; tiene que vertebrarse en el territorio, tren a tren, carretera a carretera, hospital a hospital y oportunidad tras oportunidad.
Queridos santeños y santeñas:
En este 8 de septiembre de 2026, volvamos a renovar nuestro compromiso con este pueblo sabio, integrador e inconformista. Que la luz guía de la Virgen de la Estrella ilumine siempre nuestros pasos hacia un futuro próspero, justo e inclusivo, donde el talento de nuestra gente florezca sin trabas y donde absolutamente nadie se quede atrás.
Sigamos construyendo juntos, mano con mano, este Piropo Blanco de Extremadura que enamora a quien nos visita y que llena de profundo orgullo a quienes tenemos la dicha de habitarlo.
Y qué mejor manera de poner el broche de oro a este acto que a través de la música, ese lenguaje universal que en días como hoy deja de ser simple armonía para convertirse en el latido mismo de nuestro pueblo.
Con acordes que huelen a tierra húmeda, a raíz profunda y a orgullo compartido, alcemos hoy la voz bajo la bandera que no separa, sino que cobija; la que nos une, nos identifica y nos recuerda quiénes somos y de dónde venimos:
«Nuestras voces se alzan,
nuestros cielos se llenan
de banderas, de banderas
verde, blanca y negra.»
Y junto al orgullo de ser extremeños, abramos el corazón a la emoción más íntima de este pueblo. Esa espiritualidad viva y vibrante que los santeños sentimos al mirar a Nuestra Patrona, y que cobra un sentido poético y eterno en la memoria colectiva gracias a los versos que compuso Reme Cuéllar en el llamado Himno de la Restauración:
«Una estrella que ilumina mi camino,
una estrella que está dentro de mi ser,
una estrella que protege mi destino,
una estrella que por fin hoy vuelvo a ver.»
Que esa luz no se apague nunca en nuestros hogares ni en nuestras vidas.
¡Viva la Virgen de la Estrella!
¡Viva Los Santos de Maimona!
¡Viva Extremadura!
MANUEL LAVADO BARROSO
Alcalde de Los Santos de Maimona